Las razones de apalancamiento más contundentes de una empresa son, sin duda, acelerar su crecimiento y maximizar el retorno para sus accionistas. Utilizar deuda de forma inteligente permite a las compañías ejecutar proyectos ambiciosos que serían impensables usando solo capital propio, creando un verdadero efecto multiplicador en la rentabilidad.
Por qué las empresas inteligentes usan deuda

El apalancamiento financiero es una de las herramientas más potentes en el arsenal de un directivo, aunque a menudo se entiende mal. Piénsalo como usar una palanca de verdad: con ella puedes mover un objeto pesadísimo que sería imposible levantar solo con tus manos. De la misma manera, la deuda funciona como esa palanca para amplificar la fuerza de tus recursos propios.
Pero esto va mucho más allá de simplemente “pedir prestado”. Es una decisión estratégica clave que, si se implementa con visión, puede cambiar por completo la trayectoria de un negocio. Lejos de ser una señal de debilidad, demuestra una gestión financiera proactiva y con ambición de crecer.
El mecanismo básico del apalancamiento
El principio es bastante directo. Una empresa toma capital prestado a un costo de interés determinado, digamos un 9% anual. Luego, invierte ese dinero en proyectos que generan un retorno mucho mayor, por ejemplo, un 20% anual. La diferencia, ese 11% extra, es la ganancia amplificada que se logra gracias al capital de un tercero.
El apalancamiento permite que un peso de capital propio trabaje como si fueran dos o tres. El objetivo no es solo financiar la operación, sino hacer que cada peso invertido genere el máximo rendimiento posible para los dueños del negocio.
Esta dinámica es el corazón de las verdaderas razones para apalancarse. Las empresas no se endeudan porque les falte dinero, sino porque identifican oportunidades de inversión tan rentables que sería un error estratégico no aprovecharlas, incluso pagando intereses por ello.
Apalancamiento financiero en perspectiva
Por supuesto, es fundamental entender que esta herramienta de amplificación tiene dos caras. Así como magnifica las ganancias cuando todo va bien, también puede magnificar las pérdidas si el retorno de la inversión no cumple con lo proyectado. Por eso, una gestión de riesgos prudente no es negociable.
Para ponerlo en un contexto más claro, aquí tienes un resumen de los pros y los contras.
| Beneficios Estratégicos | Riesgos Inherentes |
|---|---|
| Aceleración del crecimiento y expansión de mercado | Aumento del riesgo financiero y compromiso de flujo de caja |
| Mejora del Retorno sobre el Capital (ROE) para accionistas | Menor flexibilidad ante caídas inesperadas en ventas |
| Optimización de la estructura de capital y beneficios fiscales | Peligro de insolvencia si no se pueden cubrir los pagos |
Como ves, el apalancamiento es un juego de equilibrio.
A lo largo de esta guía, vamos a desglosar cada uno de estos puntos. Exploraremos cómo una empresa bien gestionada decide cuándo y cómo endeudarse, y de qué forma esta herramienta puede impulsar el crecimiento, mejorar la rentabilidad y hasta optimizar la operación diaria. La meta es que entiendas el mecanismo a fondo para que puedas evaluar sus beneficios y riesgos en el contexto de tu propia empresa.
¿Cómo te ayuda el apalancamiento a acelerar tu expansión?

En un mercado que no perdona, la velocidad lo es todo. Las oportunidades para crecer no se quedan esperando a que juntes el capital necesario; simplemente aparecen y, si no las tomas, desaparecen. Una de las razones más poderosas para usar el apalancamiento es precisamente esa: te da la capacidad de moverte rápido y con decisión para capturar esas oportunidades antes que nadie.
El apalancamiento, al inyectar capital a través de deuda, permite a las empresas ejecutar planes de expansión que, de otra forma, tardarían años en hacerse realidad. Hablamos de proyectos que tienen el potencial de transformar por completo la posición de tu compañía en el sector.
Abriendo nuevas fronteras de producción
Imagina una fábrica que ya está trabajando al 95% de su capacidad. La demanda de sus productos es fuerte y sigue creciendo, pero ya no puede producir más. Esperar a generar las utilidades suficientes para construir una nueva planta podría llevar cinco años. Para entonces, es muy probable que un competidor ya haya llenado ese vacío.
Aquí es donde el apalancamiento financiero se convierte en un verdadero catalizador. La empresa podría estructurar un crédito para financiar la construcción de una nueva instalación.
- Inversión Necesaria: $20 millones de pesos.
- Aumento de Capacidad: Un 80% adicional.
- Retorno Esperado del Proyecto (ROI): Un sólido 25% anual.
- Costo del Financiamiento (Tasa de Interés): 12% anual.
En este escenario, el retorno del 25% no solo cubre sin problemas el 12% de interés del préstamo, sino que deja un margen de ganancia del 13% que va directo a los accionistas. Sin apalancamiento, esta oportunidad se habría esfumado.
Lanzamiento de campañas de marketing a gran escala
Ahora piensa en una empresa de software que quiere entrar a un nuevo mercado regional. Si depende solo de su presupuesto orgánico para el marketing, su crecimiento será lento y poco notorio. Los competidores ya establecidos podrían reaccionar fácilmente y anular sus esfuerzos.
Con una inyección de capital a través de un préstamo, se puede lanzar una campaña de marketing agresiva y coordinada. Esto crea una presencia de marca inmediata, acelera la adquisición de clientes y logra un ritmo de crecimiento que sería impensable solo con fondos propios.
El apalancamiento no solo compra activos físicos como maquinaria o edificios. También compra tiempo y participación de mercado, permitiéndote comprimir años de crecimiento potencial en unos cuantos meses de ejecución estratégica.
La clave, por supuesto, está en asegurar que el Costo de Adquisición de Cliente (CAC) sea mucho menor que el Valor de Vida del Cliente (LTV). Así te aseguras de que cada peso invertido en la campaña genere un retorno positivo a largo plazo.
Adquisiciones estratégicas para consolidar el mercado
Otra de las grandes razones para apalancarse es la compra de competidores más pequeños o empresas complementarias. Una adquisición puede darte acceso inmediato a nueva tecnología, a una base de clientes ya consolidada o a talento especializado que de otra forma sería difícil de conseguir.
Supongamos que una empresa de logística identifica a un competidor más pequeño que domina una ruta de distribución clave que le falta. Adquirirlo le daría una ventaja competitiva instantánea.
- Costo de la Adquisición: $10 millones de pesos.
- Capital Propio Disponible: $3 millones de pesos.
- Monto Apalancado: $7 millones de pesos.
Al usar deuda para financiar la mayor parte de la operación, la empresa no solo cierra la adquisición, sino que conserva su propio capital para otras necesidades del día a día. Si quieres profundizar, explora nuestra guía sobre las distintas fuentes de financiamiento para empresas para entender mejor las opciones disponibles.
En resumen, cuando el apalancamiento se usa con una estrategia clara y un análisis de riesgo riguroso, se convierte en la herramienta más efectiva para que los planes de crecimiento ambiciosos se hagan realidad. Permite que tu empresa piense en grande y actúe con la velocidad que el mercado exige.
Poniendo a punto el motor de la operación diaria
El apalancamiento no solo sirve para dar grandes saltos de crecimiento; también es una herramienta clave para afinar y optimizar la maquinaria del día a día. De hecho, una de las razones de apalancamiento más prácticas y tácticas es fortalecer el capital de trabajo: ese combustible que mantiene las operaciones en marcha sin tropiezos.
Aquí no estamos hablando de créditos gigantes para construir una nueva planta. Pensemos más bien en instrumentos de deuda a corto plazo, como líneas de crédito revolventes o factoraje financiero. Estas herramientas son como un amortiguador financiero que le da a la empresa agilidad y resiliencia, permitiéndole sortear los inevitables baches del flujo de efectivo con total confianza.
Una gestión financiera astuta utiliza este tipo de apalancamiento para algo muy concreto: evitar una crisis de liquidez. Estas crisis, aunque parezcan temporales, pueden ser demoledoras y llegar a paralizar por completo a un negocio.
Blindando el ciclo de conversión de efectivo
El objetivo es muy claro: asegurar que siempre haya suficiente caja para cubrir las obligaciones diarias. Esto toca tres áreas críticas donde simplemente no te puedes permitir fallar:
- Pago puntual a proveedores: Mantener una buena relación con ellos es sagrado. Un pago tardío no solo daña tu reputación, sino que puede cortar de tajo tu cadena de suministro.
- Gestión inteligente de inventarios: Quedarte corto de inventario significa ventas perdidas. Tener demasiado es dinero estancado que no trabaja. El apalancamiento a corto plazo te permite comprar materia prima en el momento justo, sin descapitalizarte.
- Cubrir la nómina sin falta: Pagarle a tu gente a tiempo es una obligación fundamental. Fallar aquí puede destruir la moral del equipo y la estabilidad de toda la empresa.
Al usar una línea de crédito para manejar estos picos y valles, una empresa se asegura de que su ciclo de conversión de efectivo fluya como debe ser, convirtiendo el inventario en cuentas por cobrar y, finalmente, en dinero contante y sonante. Si quieres profundizar en cómo funciona este ciclo, puedes revisar algunos ejemplos de capital de trabajo que lo explican muy bien.
El caso de la empresa exportadora
Para que esto quede más claro, imaginemos una empresa mexicana que exporta sus productos a Estados Unidos. Sus ventas van viento en popa, pero sus clientes internacionales le pagan a 60 o hasta 90 días. Este desfase entre la venta y el cobro crea una tensión constante en su flujo de caja.
Mientras espera a que le paguen desde el extranjero, la empresa tiene que seguir pagando sueldos, comprando materia prima y cubriendo todos sus gastos en México. Sin una herramienta de apalancamiento, estaría siempre al filo de la navaja, sin poder aceptar nuevos pedidos grandes por pura falta de liquidez.
Para las empresas con ciclos de cobro largos, el apalancamiento a corto plazo no es un lujo, es una absoluta necesidad operativa. Convierte las ventas futuras en efectivo hoy, liberando el capital para seguir produciendo y creciendo.
Justo aquí es donde entra el factoraje de exportación. La empresa, en lugar de esperar, le “vende” sus facturas por cobrar a una institución financiera. A cambio, recibe de inmediato un anticipo de entre el 80% y 90% del valor total de esas facturas.
Ojo, este adelanto no es un préstamo como tal; es apalancamiento puro sobre un activo que la empresa ya generó. Con ese dinero en la mano, puede pagarle a sus proveedores, invertir en más producción y aceptar ese contrato grande que de otra forma tendría que rechazar. Es un ejemplo perfecto de cómo una de las razones de apalancamiento es, simplemente, hacer que el negocio funcione mejor cada día.
Usar deuda para optimizar las operaciones es una práctica financiera totalmente normal y extendida. De hecho, los niveles de endeudamiento varían mucho entre industrias, reflejando distintas necesidades de capital y estrategias. Según un estudio sobre ratios financieros en México, la razón de apalancamiento promedio de las empresas no financieras alcanzó un nivel de 1.85 en 2007, lo que significa que por cada peso de capital propio, las empresas utilizaban 1.85 pesos de deuda.
En resumen, este uso táctico del apalancamiento se asegura de que el motor de la empresa nunca se quede sin gasolina. Brinda la flexibilidad necesaria para dominar los retos del día a día, convirtiendo la gestión del flujo de efectivo de un dolor de cabeza en una verdadera ventaja competitiva.
Maximizando el retorno para los accionistas
Más allá de pensar en crecimiento o en aceitar la maquinaria operativa, una de las razones más poderosas para usar apalancamiento es puramente financiera: amplificar la rentabilidad para los dueños del negocio. El juego consiste en hacer que cada peso de capital propio rinda más, que trabaje el doble. La deuda, usada con cabeza, es la herramienta perfecta para lograrlo.
Para cualquier accionista o inversionista, la métrica que de verdad importa es el Retorno sobre el Capital (o ROE, por sus siglas en inglés). Este numerito te dice, sin rodeos, cuánta ganancia genera la empresa por cada peso que los dueños han puesto sobre la mesa. Un ROE alto es señal de que las cosas se están haciendo bien y de que se está creando valor.
El efecto multiplicador en acción
Para que esto no se quede en teoría, vamos a verlo con un ejemplo práctico. Imagina una empresa que llamaremos “Manufacturas del Centro”. Tiene activos por $1,000,000 que le generan una utilidad operativa (antes de intereses e impuestos) de $150,000 al año.
Escenario 1: Sin deuda (100% capital propio)
En este panorama, los accionistas financiaron el millón de pesos completo de su bolsillo.
- Activos Totales: $1,000,000
- Deuda: $0
- Capital Propio: $1,000,000
- Utilidad Operativa: $150,000
- Gastos por Intereses: $0
- Utilidad Neta (asumiendo 30% de impuestos): $105,000
- ROE (Utilidad Neta / Capital Propio): $105,000 / $1,000,000 = 10.5%
Un retorno del 10.5% no está nada mal. Es un resultado sólido. Pero, ¿qué pasaría si metemos un poco de apalancamiento a la ecuación?
Escenario 2: Con deuda (50% deuda, 50% capital)
La empresa decide reestructurarse. Sigue teniendo los mismos activos de $1,000,000, pero ahora la mitad se financia con un crédito bancario al 8% de interés y la otra mitad con el dinero de los socios.
- Activos Totales: $1,000,000
- Deuda: $500,000
- Capital Propio: $500,000
- Utilidad Operativa: $150,000
- Gastos por Intereses (8% de $500,000): $40,000
- Utilidad antes de Impuestos: $110,000
- Utilidad Neta (asumiendo 30% de impuestos): $77,000
- ROE (Utilidad Neta / Capital Propio): $77,000 / $500,000 = 15.4%
El resultado salta a la vista. Aunque la utilidad neta en pesos fue menor, el ROE se disparó de 10.5% a 15.4%. Los accionistas ahora están obteniendo un retorno mucho más jugoso sobre su inversión, que se redujo a la mitad. Este es el efecto multiplicador en su máxima expresión.
Este diagrama nos ayuda a visualizar cómo el apalancamiento se conecta desde la gestión del día a día (capital de trabajo) hasta las operaciones para potenciar los resultados finales.

Lo que este esquema nos recuerda es que apalancarse no es solo pedir un préstamo; es una decisión estratégica que se siente en la eficiencia operativa y en la liquidez diaria de la compañía.
Entendiendo la “magia” financiera
¿Por qué sucede este fenómeno? La clave está en una condición muy simple: el rendimiento que la empresa obtiene de sus activos es mayor que el costo de la deuda que contrató. En nuestro ejemplo, la empresa genera un 15% sobre sus activos ($150,000 / $1,000,000), pero solo paga un 8% por el dinero prestado. Esa diferencia es la que va directo al bolsillo del accionista.
Al meter deuda, lo que hacemos es aumentar el “Multiplicador de Apalancamiento” (que se calcula dividiendo los Activos Totales entre el Capital Propio). Este multiplicador, como su nombre lo indica, magnifica el resultado final del ROE, siempre y cuando el negocio siga siendo rentable.
El apalancamiento es un amplificador. Funciona de maravilla cuando el rendimiento de tus activos supera el costo de la deuda. Pero es un arma de doble filo: si el rendimiento cae por debajo del costo del interés, magnifica las pérdidas con la misma intensidad.
Este efecto es, sin duda, el principal atractivo financiero del apalancamiento. Sin embargo, también es la fuente de su mayor riesgo. Si en un mal año la utilidad operativa de la empresa cayera en picada, la obligación de pagar esos $40,000 de intereses seguiría ahí, fija. Esto no solo comería las ganancias, sino que podría generar pérdidas, que también se verían magnificadas para los accionistas.
Navegando los riesgos del sobreendeudamiento

Hablar de las razones para usar apalancamiento sin mencionar sus peligros sería como darle a alguien un mapa del tesoro que no marca los acantilados. Ya vimos el increíble potencial que tiene la deuda para acelerar el crecimiento, pero ahora toca hacer una pausa y mirar de frente su lado más oscuro: el riesgo de pasarse de la raya.
El apalancamiento financiero es un amplificador. Así de simple. Esto significa que magnifica los resultados para bien y para mal. Cuando las cosas van viento en popa, las ganancias se disparan. Pero si el mercado cambia de dirección, las pérdidas se multiplican con una fuerza que puede poner en jaque la supervivencia de toda la empresa.
El riesgo financiero: la amenaza que no se ve a simple vista
El peligro número uno de un exceso de deuda se conoce como riesgo financiero. Y no, no es un concepto teórico de libro de texto. Es la posibilidad, muy real, de que tu empresa no genere el flujo de efectivo suficiente para pagar los intereses y el capital de sus préstamos.
Este riesgo no crece de forma lineal; se dispara con cada peso adicional que pides prestado. Piensa que los intereses son un costo fijo que no perdona. No importa si tus ventas cayeron un 30% o si un cliente clave se declaró en quiebra; el banco va a esperar su pago, puntual, cada mes.
Si la empresa no cumple, las consecuencias van desde penalizaciones y una mancha en tu historial crediticio hasta, en el peor de los casos, la insolvencia y la quiebra.
La pérdida de agilidad estratégica
Un nivel de deuda elevado es como un ancla que le resta agilidad a tu barco. Cuando una buena parte de tu flujo de efectivo ya está comprometida para el servicio de la deuda, tu capacidad para reaccionar ante imprevistos o aprovechar oportunidades se reduce drásticamente.
Imagina que de pronto surge la oportunidad de comprar a un competidor a precio de remate, o que aparece una nueva tecnología que necesitas adoptar ya para no quedarte atrás. Una empresa sobreendeudada, sencillamente, no tendrá el músculo financiero para moverse.
El sobreendeudamiento te obliga a jugar a la defensiva. En lugar de estar buscando activamente cómo crecer, toda la energía de la dirección se enfoca en una sola cosa: generar suficiente caja para sobrevivir un mes más.
Esta falta de flexibilidad es especialmente peligrosa en una recesión. Mientras tus competidores más conservadores pueden invertir en marketing o ajustar precios para ganar mercado, tu empresa se ve forzada a recortar gastos, perdiendo talento y capacidad para competir.
Una lección de la historia reciente de México
Para entender las consecuencias reales del endeudamiento sin control, no hay que irse muy lejos. La crisis financiera de 1994-1995 en México, el famoso “Efecto Tequila”, es una lección brutal. En los años previos, la entrada masiva de capital extranjero y un boom de crédito llevaron a muchas empresas y bancos a operar con niveles de deuda altísimos y muy peligrosos.
Durante esa crisis, la razón de apalancamiento de empresas e instituciones financieras se disparó. La entrada de capital, que llegó a ser casi el 8% del PIB, y un crédito bancario que se cuadruplicó en pocos años, provocaron que la razón de apalancamiento de los bancos pasara de 4.5% en 1993 a 7.8% en 1995. Puedes profundizar en este tema consultando el análisis de la crisis realizado por Saavedra García (2009).
Cuando las tasas de interés se fueron al cielo y el peso se devaluó, el costo de esa deuda se volvió impagable. El resultado fue una ola de quiebras que paralizó la economía, demostrando que lo que parece manejable en épocas de bonanza se puede convertir en una trampa mortal de la noche a la mañana.
¿Cómo medir tu exposición al riesgo?
La buena noticia es que el riesgo financiero se puede y se debe medir constantemente. Una de las métricas clave para tenerlo bajo control es la Razón de Cobertura de Intereses (TIE, por sus siglas en inglés, Times Interest Earned).
- Fórmula: TIE = Utilidad Antes de Intereses e Impuestos (EBIT) / Gastos por Intereses.
Este indicador te dice, en términos sencillos, cuántas veces puedes pagar tus gastos de intereses con las ganancias que genera la operación de tu negocio.
- Un TIE de 5x o más es saludable. Significa que por cada peso de interés que debes, estás generando cinco pesos de utilidad para cubrirlo. Tienes un buen colchón.
- Un TIE de 1.5x es una luz amarilla. Indica que una pequeña caída en las ventas podría dejarte sin capacidad para cumplir con tus pagos. Hay que tener cuidado.
- Un TIE por debajo de 1x es una alarma roja. Significa que la empresa ni siquiera genera lo suficiente para pagar los intereses. Es una situación insostenible.
Revisar esta métrica cada trimestre es una práctica de higiene financiera indispensable para cualquier empresa que use deuda. Es tu sistema de alerta temprana para asegurar que esa herramienta de crecimiento no se convierta, sin que te des cuenta, en la causa de tu caída.
Encontrando el nivel de apalancamiento ideal para tu negocio
Ya vimos las razones de peso para usar el apalancamiento como motor de crecimiento. Ahora viene la pregunta del millón: ¿cuánta deuda es la cantidad correcta para tu empresa? La verdad es que no hay una respuesta única ni una fórmula mágica que sirva para todos. Encontrar ese punto dulce es más un arte que una ciencia, un equilibrio delicado entre la ambición de crecer y la prudencia de proteger lo que ya has construido.
La cantidad de deuda adecuada para ti depende de una mezcla única de factores, tanto de tu empresa como del mercado. Es una decisión estratégica que debe tomar en cuenta la naturaleza de tus operaciones y el terreno donde compites.
Autoevaluación: los pilares de tu capacidad de deuda
Para empezar este análisis, necesitas hacerte algunas preguntas clave. Ser brutalmente honesto en las respuestas te dará un mapa claro de cuánta deuda puede aguantar tu estructura financiera sin que el barco se hunda.
- ¿Qué tan estables y predecibles son tus flujos de efectivo? Una empresa con ingresos recurrentes y contratos a largo plazo, como un SaaS, puede manejar más deuda que una constructora, cuyos ingresos dependen de proyectos y son mucho más cíclicos.
- ¿En qué etapa está tu industria? Un sector en plena expansión es un lugar mucho más seguro para endeudarse que uno maduro o en declive, donde los márgenes de ganancia cada vez son más apretados.
- ¿Cuál es la cultura de riesgo de tu equipo directivo? Hay líderes que se sienten cómodos con estrategias de deuda más agresivas, mientras que otros duermen mejor con un enfoque conservador. Es fundamental que la estrategia de apalancamiento esté alineada con la visión y el apetito de riesgo de quienes toman las decisiones.
El apalancamiento ideal no es lo máximo que un banco te quiera prestar. Es lo máximo que tu modelo de negocio puede gestionar cómodamente, incluso cuando las cosas no salen como esperabas. Se trata de encontrar el balance perfecto entre oportunidad y resiliencia.
Una vez que tengas claros estos puntos, es hora de ponerle números al análisis. Hay métricas financieras que funcionan como un radar para evitar que te pases de la raya con la deuda.
Para entender esto a fondo, es clave que domines el cálculo y la interpretación de los distintos ratios de endeudamiento, que te darán una fotografía precisa y cuantitativa de dónde estás parado.
Métricas clave para tu tablero de control
Monitorear estos indicadores de forma constante te permitirá ajustar el rumbo y mantener siempre el control del timón.
- Ratio Deuda / Capital (D/E): Compara lo que debes con lo que realmente te pertenece (el capital de los accionistas). Un D/E por encima de 2.0 ya se considera alto en muchas industrias y necesita una muy buena justificación.
- Ratio Deuda / EBITDA: Te dice cuántos años de ganancias (antes de intereses, impuestos, etc.) necesitarías para liquidar toda tu deuda. Un ratio por debajo de 3x generalmente se considera saludable y manejable.
- Ratio de Cobertura de Intereses (TIE): Como ya lo mencionamos, indica cuántas veces tus ganancias operativas cubren el costo de tus intereses. Si este número cae por debajo de 2.5x, es una clara señal de alerta en el tablero.
Diseñar tu estructura de capital ideal es un ejercicio de estrategia. Se trata de usar estas herramientas para encontrar ese punto medio donde la deuda impulse un crecimiento rentable y sostenible, sin quitarle a tu empresa la capacidad de navegar tormentas y salir del otro lado aún más fuerte.
Preguntas frecuentes sobre apalancamiento
Vamos a despejar algunas de las dudas más habituales sobre por qué apalancarse y cómo llevar estos conceptos a la práctica en tu empresa.
¿Cuál es un buen ratio de apalancamiento para una pyme?
Olvídate de buscar un número mágico que funcione para todos, porque no existe. La respuesta correcta siempre va a depender de tu sector y de cómo funciona tu negocio.
Por ejemplo, una empresa de software que vive de suscripciones mensuales tiene un flujo de caja muy predecible. Para ellos, un ratio Deuda/Capital de 1.5 podría ser perfectamente manejable. En cambio, una constructora con ingresos que suben y bajan según los proyectos en puerta debería ser mucho más cautelosa.
La regla de oro es simple: el rendimiento que esperas del dinero prestado debe superar, y por mucho, el costo de los intereses. Y, sobre todo, tu negocio debe generar suficiente efectivo para pagar la deuda sin que te quite el sueño.
¿El apalancamiento operativo y el financiero son lo mismo?
No, aunque son conceptos hermanos y se influyen mutuamente. El apalancamiento financiero, como ya vimos, viene de usar deuda. Por otro lado, el apalancamiento operativo nace de tener muchos costos fijos en tu estructura, como la renta de una gran bodega o la maquinaria cara que no puedes apagar.
Una empresa con un alto apalancamiento operativo ya arranca con un riesgo base importante. Si a eso le sumas una deuda considerable (apalancamiento financiero), creas un cóctel explosivo que puede multiplicar las ganancias de forma espectacular, pero que también puede hacer lo mismo con las pérdidas.
Es una combinación poderosa, pero hay que manejarla con mucho cuidado.
¿En qué situaciones debería evitar apalancarme?
Aléjate de la deuda si los ingresos de tu empresa son como una montaña rusa: muy volátiles e impredecibles. Tampoco es buen momento si las tasas de interés van para arriba o si el panorama económico general pinta a recesión.
Pero la peor de las razones de apalancamiento es pedir prestado para cubrir pérdidas operativas que se repiten mes a mes. Eso no es una inversión, es intentar tapar un hoyo cavando otro más profundo. Es una señal de alarma que indica problemas de fondo que la deuda solo va a empeorar.



