Julio Cesar Briseño

Diferencia entre liquidez y solvencia para tu negocio

La diferencia clave es bastante sencilla, pero sus implicaciones son enormes. La liquidez es la capacidad de tu empresa para pagar las cuentas del día a día —como la nómina o los proveedores— sin sudar. En cambio, la solvencia es su capacidad para mantenerse a flote a largo plazo y cumplir con todas sus deudas.

Créeme, una empresa puede parecer muy rentable en sus reportes, pero si no tiene efectivo para operar, puede irse a la quiebra.

Distinguiendo liquidez y solvencia en minutos

Casa en miniatura, monedas, bolígrafo, papel y laptop con texto 'Liquidez y Solvencia' en una mesa de madera.

Para llevar las riendas de un negocio, tienes que entender que la liquidez y la solvencia son dos pilares que, aunque van de la mano, miden cosas totalmente distintas de la salud financiera. Confundirlos es un error clásico que lleva a tomar decisiones estratégicas que pueden costar muy caro.

Piensa en la liquidez como el oxígeno de tu negocio. Es lo que necesitas ahora mismo para que todo siga funcionando sin problemas. Se enfoca en tu habilidad para convertir activos en dinero contante y sonante para cubrir los compromisos que no esperan.

Por otro lado, la solvencia es más como la estructura ósea de la empresa. Refleja su fortaleza y estabilidad a futuro, demostrando que tienes suficientes activos para cubrir todos tus pasivos, no solo los que vencen mañana.

El dilema del empresario

Imagina una empresa inmobiliaria. En sus libros, tiene edificios y terrenos valuados en millones de pesos, lo que la hace sumamente solvente. Pero, ¿qué pasa si un cliente importante retrasa un pago grande? De repente, podría no tener efectivo para pagar la nómina de la siguiente quincena. Ahí es donde enfrenta un grave problema de liquidez.

Este escenario es mucho más común de lo que crees. Una empresa puede tener un gran patrimonio en activos fijos, pero ser funcionalmente insolvente en el día a día si no gestiona su flujo de efectivo con precisión.

Para no caer en esa trampa, es fundamental analizar ambos indicadores por separado, pero siempre de forma coordinada. Un negocio sano no solo genera ganancias a largo plazo, sino que también sabe administrar su capital de trabajo para operar sin sobresaltos.

Comparativa rápida entre liquidez y solvencia

Para que quede todavía más claro, esta tabla resume las diferencias clave entre estos dos conceptos financieros vitales.

Criterio Liquidez Solvencia
Horizonte Temporal Corto plazo (generalmente hasta 12 meses). Largo plazo (más de un año).
Objetivo Principal Cubrir obligaciones inmediatas (nóminas, proveedores). Garantizar la viabilidad y supervivencia del negocio.
Activos Considerados Activos corrientes (efectivo, cuentas por cobrar, inventario). Total de activos (corrientes y no corrientes).
Riesgo Asociado Riesgo de suspensión de pagos o crisis de tesorería. Riesgo de quiebra o insolvencia total.
Pregunta que Responde ¿Puedo pagar mis facturas este mes? ¿Mis activos totales superan mis deudas totales?

Entender bien esta distinción es el primer paso para un diagnóstico financiero certero. En las siguientes secciones, vamos a meternos de lleno en cómo medir cada uno de estos indicadores con ratios específicos y, lo más importante, cómo interpretarlos para tomar decisiones que aseguren tanto el funcionamiento diario como el crecimiento sostenido de tu empresa.

Cómo medir la liquidez para tus operaciones diarias

Calculadora y portátil con hoja de cálculo en un escritorio, mostrando conceptos financieros para medir la liquidez.

La liquidez es el pulso de tu empresa. No se trata de cuántos activos posees en total, sino de tu capacidad real para convertir esos activos en dinero contante y sonante para saldar tus compromisos inmediatos. Hablamos de la habilidad para operar día a día sin sobresaltos, cubriendo nóminas, proveedores e impuestos a tiempo.

Manejar mal la liquidez es una de las razones más comunes por las que negocios que se ven rentables en papel terminan quebrando. Sin efectivo, la maquinaria se detiene, sin importar qué tan valiosos sean tus activos a largo plazo.

Por eso, medir y monitorear la liquidez no es una opción; es una necesidad vital. Afortunadamente, existen herramientas financieras sencillas pero muy potentes para lograrlo: los ratios de liquidez.

El indicador principal: la razón corriente

El primer indicador, y el más conocido, es la razón corriente (también llamado ratio de liquidez). Esta métrica te da una fotografía clara de tu capacidad para cubrir deudas a corto plazo usando todos tus activos corrientes.

La fórmula no tiene pierde:

Razón Corriente = Activo Corriente / Pasivo Corriente

Un resultado idealmente superior a 1.5 indica que tienes un colchón saludable de activos para responder a tus deudas. Por el contrario, un valor por debajo de 1 es una señal de alerta grave; significa que tus deudas inmediatas ya superan tus activos líquidos.

Un ejemplo práctico de la razón corriente

Imaginemos a "Exportadora del Golfo", una pyme de Veracruz, con los siguientes números en su balance:

  • Activo Corriente: $500,000 (esto incluye su efectivo, cuentas por cobrar e inventario).
  • Pasivo Corriente: $250,000 (préstamos a corto plazo y cuentas por pagar a proveedores).

Al aplicar la fórmula:
$500,000 / $250,000 = 2.0

Este 2.0 es un resultado muy sano. Nos dice que por cada peso que Exportadora del Golfo debe en el corto plazo, tiene dos pesos en activos líquidos para respaldarlo. Esto le da un margen de maniobra considerable y una excelente posición para negociar.

La prueba ácida: un filtro más estricto

Aunque la razón corriente es muy útil, tiene un punto ciego: considera el inventario como si fuera efectivo. El problema es que el inventario no siempre se vende rápido y, a menudo, para liquidarlo hay que malbaratarlo, sobre todo si manejas productos perecederos o de baja rotación.

Aquí es donde la prueba ácida (o ratio rápido) entra en juego. Ofrece una visión más conservadora y realista de tu liquidez inmediata, porque simplemente saca el inventario de la ecuación.

La fórmula se ajusta así:

Prueba Ácida = (Activo Corriente – Inventario) / Pasivo Corriente

Un resultado igual o superior a 1.0 se considera un signo de buena salud financiera. Significa que, incluso sin vender una sola pieza de tu inventario, tienes con qué pagar todas tus obligaciones a corto plazo.

Un ejemplo práctico de la prueba ácida

Sigamos con "Exportadora del Golfo". De sus $500,000 de activo corriente, digamos que $150,000 corresponden a producto listo para exportar.

  • Activo Corriente – Inventario: $500,000 – $150,000 = $350,000
  • Pasivo Corriente: $250,000

Aplicando la fórmula:
$350,000 / $250,000 = 1.4

Un ratio de 1.4 es excelente. Demuestra que la empresa no depende de vender su inventario para mantenerse a flote en el día a día, lo cual es una posición de gran fortaleza operativa y reduce el riesgo drásticamente. Para entender mejor cómo estos activos y pasivos definen tu capacidad operativa, vale la pena explorar algunos ejemplos de capital de trabajo que ilustran esta dinámica.

La diferencia entre liquidez y solvencia queda muy clara aquí; la liquidez se enfoca precisamente en esta capacidad de pago inmediata. La capacidad de una empresa para cumplir con sus obligaciones a corto plazo es tan crítica que hasta los reguladores la miden. Por ejemplo, en el primer trimestre de 2025, el Coeficiente de Cobertura de Liquidez promedio de la banca mexicana fue de un impresionante 209.20%, lo que significa que tenían más del doble de los activos líquidos necesarios para enfrentar un escenario de estrés de 30 días.

Ambos ratios, la razón corriente y la prueba ácida, son fundamentales. No se trata de elegir uno u otro, sino de usarlos en conjunto para tener un diagnóstico completo y tomar decisiones que realmente protejan el flujo de efectivo de tu negocio.

Analizando la solvencia para la estabilidad a largo plazo

Si la liquidez es el oxígeno que permite a tu negocio respirar día a día, la solvencia es la fortaleza de su esqueleto. Este indicador no se enfoca en si puedes pagar la nómina de la próxima quincena, sino en algo mucho más profundo: si tu empresa tiene la estructura y los recursos para sobrevivir una crisis, pagar todas sus deudas a lo largo del tiempo y seguir operando dentro de cinco, diez o veinte años.

En esencia, la solvencia es la medida definitiva de la viabilidad de tu negocio a futuro. Revela si tus activos totales son suficientes para cubrir la totalidad de tus pasivos. Un negocio que no es solvente es como un edificio con cimientos débiles; puede parecer sólido por fuera, pero está en riesgo constante de derrumbe.

Por esta razón, los bancos, inversionistas y acreedores a largo plazo ponen la lupa sobre los ratios de solvencia antes de comprometer su capital. Quieren estar seguros de que tu empresa no solo es una buena apuesta hoy, sino que tiene la resiliencia para prosperar mañana.

Midiendo la estructura de capital con el ratio de endeudamiento

El primer pilar para analizar la solvencia es entender cuánto de tu negocio está financiado por terceros. Aquí es donde entra el ratio de endeudamiento, una métrica clave que compara tu deuda total con tu patrimonio neto.

Su fórmula es directa y muy reveladora:

Ratio de Endeudamiento = Pasivo Total / Patrimonio Neto

Este ratio te dice qué proporción existe entre el capital aportado por los acreedores (la deuda) y el capital aportado por los dueños (el patrimonio). Si el resultado es muy alto, significa que dependes demasiado del dinero de otros, lo que eleva el riesgo financiero. Después de todo, si el negocio va mal, los acreedores tienen prioridad de cobro sobre los socios.

Un ejemplo práctico del ratio de endeudamiento

Imaginemos a "Manufacturas del Bajío", una pyme que busca un crédito para expandir su planta. Su balance general muestra lo siguiente:

  • Pasivo Total: $3,000,000 (incluye deudas a corto y largo plazo).
  • Patrimonio Neto: $5,000,000 (compuesto por capital social y utilidades retenidas).

Al aplicar la fórmula:
$3,000,000 / $5,000,000 = 0.60

Un ratio de 0.60 (o 60%) se considera bastante saludable. Básicamente, nos dice que por cada peso de capital propio, la empresa debe 60 centavos. Los bancos suelen ver con buenos ojos niveles por debajo de 1.0, ya que demuestra que los accionistas tienen una mayor participación en los activos que los acreedores. Para entender mejor cómo estas cifras impactan tus opciones de financiamiento, te recomendamos explorar más sobre los diferentes ratios de endeudamiento.

Asegurando el pago de intereses

Tener deuda no es malo en sí mismo; el verdadero problema surge cuando no puedes pagar los intereses que genera. Para medir esta capacidad, usamos el ratio de cobertura de intereses, que evalúa cuántas veces puedes cubrir tus gastos financieros con tus ganancias operativas.

Este indicador es crucial para los prestamistas. Les dice qué tan probable es que cumplas con tus pagos de intereses, incluso si tus ventas bajan un poco.

La fórmula es la siguiente:

Ratio de Cobertura de Intereses = Utilidad Antes de Intereses e Impuestos (EBIT) / Gastos por Intereses

Un resultado alto siempre es mejor, pues significa que tienes un amplio margen de ganancias para hacer frente a tus obligaciones financieras. Por el contrario, un ratio inferior a 1.5 es una señal de alarma, ya que una pequeña caída en las ganancias podría poner en riesgo tu capacidad de pago.

Un ejemplo práctico de cobertura de intereses

"Manufacturas del Bajío" reporta los siguientes datos en su estado de resultados:

  • EBIT: $1,200,000
  • Gastos por Intereses: $300,000

Calculamos el ratio:
$1,200,000 / $300,000 = 4.0

Un resultado de 4.0 es excelente. Demuestra que la empresa genera cuatro veces más ganancias operativas de las que necesita para pagar sus intereses. Esto le da una gran tranquilidad a los acreedores y una posición muy sólida para negociar mejores condiciones de financiamiento en el futuro.

La solvencia mide la capacidad de una institución para cumplir con sus obligaciones a largo plazo, basándose en la relación entre su capital y sus activos. Como referencia, en marzo de 2025, el Índice de Capitalización (ICAP) del sistema bancario mexicano fue de 19.90%, muy por encima del mínimo regulatorio del 10.5%, lo que indica una sólida posición de solvencia. Puedes conocer más detalles sobre la salud del sistema financiero mexicano.

En resumen, mientras la diferencia entre liquidez y solvencia radica en el horizonte temporal, ambas son indispensables. La liquidez te mantiene en el juego hoy; la solvencia asegura que sigas jugando mañana.

Análisis práctico de liquidez contra solvencia

Saber la teoría es una cosa, pero la verdadera prueba para cualquier empresario es ver cómo la liquidez y la solvencia se comportan en el campo de batalla del día a día. Lejos de ser solo números en un reporte, son fuerzas dinámicas que deciden si un negocio sobrevive o fracasa.

Un desequilibrio, incluso en una empresa que parece sana por fuera, puede detonar una crisis de la nada. El punto clave es entender esto: una empresa puede ser totalmente viable a futuro (solvente), pero estar al borde del colapso por no poder pagar sus cuentas mañana (falta de liquidez).

El dilema de la startup en crecimiento

Imagina a "TecnoFuturo", una startup de tecnología que acaba de lanzar un software revolucionario. Ya cerró contratos importantes con grandes corporativos y sus proyecciones de ingresos a tres años son espectaculares. Su patrimonio es sólido, tiene propiedad intelectual de gran valor y sus activos totales superan por mucho sus deudas a largo plazo. En papel, es una empresa muy solvente.

Pero aquí está el truco: sus clientes corporativos le pagan a 90 o 120 días. Mientras tanto, TecnoFuturo tiene que pagar sueldos, la renta de la oficina y los servicios cada 30 días. Este desfase crea una crisis de liquidez de manual. La empresa es rentable y tiene un futuro brillante, pero no tiene el efectivo en la mano para sobrevivir el presente.

Este es el escenario clásico donde la solvencia no te salva en el corto plazo. La startup vale mucho en papel, pero su incapacidad para convertir esas ventas futuras en dinero contante y sonante la deja en una posición increíblemente frágil.

La trampa de la empresa consolidada

Ahora, veamos el caso contrario: "Distribuidora Nacional", un negocio familiar con 40 años de historia. Tiene una cantidad considerable de efectivo guardada en el banco, producto de décadas de operación. Su ratio de liquidez es excelente; podría cubrir sus gastos varias veces sin pestañear. A simple vista, parece una fortaleza financiera.

Sin embargo, para financiar una expansión que no funcionó hace diez años, tomó una deuda a largo plazo con intereses altísimos. Aunque ha pagado puntualmente gracias a su buen flujo de caja, el monto principal de la deuda casi no ha bajado. Su ratio de endeudamiento es peligrosamente alto, y una simple caída en las ventas podría volver impagables los intereses.

Esta empresa tiene liquidez, pero su solvencia está comprometida. Vive al día con una estructura de capital que es una bomba de tiempo. Tiene dinero para hoy, pero su capacidad para aguantar una recesión o una subida de tasas de interés es mínima.

La diferencia fundamental entre liquidez y solvencia está en el tipo de riesgo. La falta de liquidez es un riesgo inmediato, de operación. La falta de solvencia es un riesgo estructural, a largo plazo, que amenaza la existencia misma del negocio.

Esta imagen resume perfectamente los pilares del análisis de solvencia, que se enfoca en ratios clave, estabilidad estructural y una visión a largo plazo.

Imagen que ilustra el foco en la solvencia con iconos de calculadora, edificios y calendario, representando ratios clave, estabilidad y largo plazo.

La imagen deja claro que la solvencia no se trata solo del dinero que tienes en el banco, sino de evaluar la salud de fondo del negocio para asegurar que seguirá aquí en el futuro.

Comparando los enfoques de análisis

Para tomar decisiones inteligentes, es vital usar la perspectiva correcta para cada análisis. No se puede medir la solvencia con herramientas de liquidez, ni al revés.

A continuación, presentamos una tabla que detalla estas diferencias para que queden aún más claras.

Diferencias clave en el análisis financiero

Una comparación detallada de liquidez y solvencia a través de múltiples criterios operativos y estratégicos.

Característica Análisis de Liquidez Análisis de Solvencia
Horizonte Temporal Inmediato y a corto plazo (hasta 12 meses). Largo plazo (más de 1 año).
Activos Clave Activos corrientes: efectivo, cuentas por cobrar, inventarios. Todos los activos: corrientes y no corrientes (inmuebles, maquinaria).
Pasivos Clave Pasivos corrientes: proveedores, nóminas, impuestos por pagar. Todos los pasivos: deudas a corto y largo plazo.
Usuarios de la Información Gerentes de operaciones, tesoreros, proveedores. Inversionistas, bancos (créditos a largo plazo), analistas.
Pregunta a Responder ¿Podemos pagar las facturas de este mes? ¿Sobreviviremos a una crisis económica en dos años?
Riesgo Mitigado Riesgo de suspensión de pagos y crisis de tesorería. Riesgo de quiebra e insolvencia definitiva.

Como hemos visto, la salud financiera no se trata de tener una liquidez desbordante o una solvencia perfecta por separado. El verdadero juego es alcanzar un equilibrio estratégico: tener suficiente efectivo para operar con agilidad, mientras se mantiene una estructura de capital sólida que garantice el futuro del negocio.

Decisiones estratégicas basadas en la liquidez y la solvencia

Entender la diferencia entre liquidez y solvencia en un libro de texto es una cosa, pero saber usar estos conceptos para tomar decisiones que protejan y hagan crecer tu negocio es donde está el verdadero valor. Piénsalo así: cada indicador financiero te abre una puerta distinta a nuevas herramientas y oportunidades.

Una gestión financiera inteligente sabe que la liquidez y la solvencia no son metas separadas; se alimentan mutuamente. Un buen nivel de liquidez te da acceso a financiamiento rápido y ágil, mientras que una solvencia fuerte es la llave maestra para conseguir capital a largo plazo, atraer a un inversionista o reestructurar tus deudas en mejores condiciones.

Acciones tácticas impulsadas por la liquidez

Cuando tu empresa demuestra una gestión de liquidez saludable, por ejemplo, con una prueba ácida que se mantiene por encima de 1.0, proyectas confianza y agilidad. Eso te convierte en un candidato perfecto para instrumentos financieros diseñados para aceitar el motor de tu flujo de efectivo.

Aquí, la herramienta por excelencia es el factoraje financiero. Imagina una pyme exportadora que vende sus productos a un cliente en Estados Unidos con un plazo de pago de 90 días. La venta es rentable y fortalece su solvencia, pero necesita dinero hoy para pagar la materia prima y la nómina de este mes.

  • El problema: Una crisis de liquidez temporal, causada por ciclos de cobro muy largos.
  • La solución: A través del factoraje, la empresa "vende" sus facturas por cobrar a una institución financiera. A cambio, recibe hasta el 90% del valor de la factura casi al instante.
  • El resultado: La pyme obtiene el efectivo que necesita para seguir operando sin frenos, no suma una nueva deuda a su balance y mantiene su ciclo productivo en movimiento.

El factoraje es una jugada táctica, una movida inteligente que convierte tus cuentas por cobrar en capital de trabajo fresco sin tocar tu estructura de capital.

Una empresa con liquidez sólida no solo duerme tranquila. También puede negociar mejores condiciones con proveedores, aprovechar descuentos por pronto pago y saltar sobre oportunidades de mercado que exigen capital inmediato.

Decisiones de largo plazo fundamentadas en la solvencia

Por otro lado, la solvencia es tu carta de presentación con los bancos e inversionistas. Ellos no solo miran la foto de hoy, sino que quieren ver una película estable a futuro. Una empresa con un ratio de endeudamiento bajo y una buena cobertura de intereses está gritando que su estructura es sólida y que puede cumplir sus compromisos, incluso si las cosas se ponen difíciles.

Pongamos el caso de una empresa de manufactura que necesita modernizar su planta para producir más. Es una inversión de capital (CAPEX) fuerte que, sí o sí, requiere financiamiento a largo plazo.

  • El objetivo: Conseguir un crédito de $10 millones a pagar en 7 años.
  • La evaluación del banco: El banco va a revisar tu balance con lupa, enfocándose en el patrimonio y en tu capacidad para generar utilidades que cubran los intereses. Un ratio de endeudamiento sano, digamos de 0.5, y una cobertura de intereses de 4.0 o más, son música para sus oídos.
  • El resultado: Gracias a esa solvencia robusta, la empresa no solo consigue el crédito, sino que lo amarra con una tasa de interés preferencial y condiciones mucho más flexibles.

Pero la solvencia no solo sirve para pedir dinero nuevo. Es fundamental para procesos de reestructuración de deuda. Si tu empresa arrastra varios créditos con distintas tasas y plazos, una estructura de capital fuerte te da el poder de sentarte a negociar con los bancos para consolidar todo en un solo crédito con mejores términos. Esto libera flujo de efectivo y simplifica tu vida financiera.

Si te interesa profundizar en cómo el endeudamiento afecta la estructura de tu empresa, puedes encontrar información útil sobre las razones de apalancamiento y su impacto estratégico.

En pocas palabras, las decisiones del día a día se nutren de la liquidez, mientras que la visión de futuro se construye sobre la solvencia. Un buen diagnóstico de ambas te permite elegir la herramienta financiera correcta para cada meta, asegurando no solo que tu negocio sobreviva, sino que crezca de manera sostenida.

Preguntas frecuentes sobre liquidez y solvencia

Incluso con la teoría clara, aplicar estos conceptos a la realidad de tu negocio siempre genera preguntas. Vamos a abordar las dudas más comunes sobre liquidez y solvencia, con respuestas directas y consejos prácticos para que puedas empezar a fortalecer las finanzas de tu empresa hoy mismo.

¿Puede una empresa ser solvente pero no tener liquidez?

Por supuesto. Y es uno de los escenarios más peligrosos y, sorprendentemente, más comunes, sobre todo en negocios con activos de gran valor pero difíciles de convertir en dinero, como inmuebles, terrenos o maquinaria muy especializada. En papel, su patrimonio neto es positivo y robusto, lo que los hace solventes. Pero la falta de efectivo para pagar la nómina, a los proveedores o los impuestos puede desatar una crisis operativa en cuestión de días.

Piensa en una empresa agrícola que es dueña de hectáreas de tierra muy valiosa (solvencia), pero sus ingresos dependen de la cosecha, que es estacional. En los meses previos a la venta, podría quedarse sin un peso para operar. Si no gestiona bien su tesorería, esta falta de liquidez podría llevarla a la quiebra, a pesar de tener un patrimonio enorme.

Un negocio solvente sin liquidez es como un atleta fuerte y musculoso que no tiene energía para correr la carrera de hoy. Su potencial a largo plazo es innegable, pero su capacidad para competir en el presente es nula.

Es una trampa clásica en la que caen muchas pymes. Por eso, no basta con tener un balance general que se vea bien; es fundamental gestionar el flujo de caja de manera activa y casi obsesiva.

¿Qué es más importante para una pyme: la liquidez o la solvencia?

Ambas son cruciales, pero responden a urgencias distintas. La liquidez es el oxígeno del día a día, lo que mantiene tu negocio respirando. Sin liquidez, simplemente no puedes pagar las cuentas, y no importa qué tan rentable seas a futuro. Por otro lado, la solvencia es la estructura, los huesos del negocio que le permiten sobrevivir y crecer a largo plazo. Es la garantía de que tu empresa puede aguantar una mala racha y seguir adelante.

Para una pyme, la liquidez suele ser la preocupación más inmediata. Un solo cliente que se retrase en un pago importante puede desestabilizar toda la operación. Sin embargo, descuidar la solvencia es un error estratégico garrafal. Una empresa que se endeuda de más, aunque tenga un buen flujo de efectivo momentáneo, está construyendo sobre cimientos muy frágiles.

Una gestión financiera inteligente no elige una sobre la otra, sino que busca un equilibrio dinámico:

  1. Asegurar suficiente liquidez para operar con tranquilidad y poder reaccionar.
  2. Construir una estructura de capital sólida que garantice la solvencia en el futuro.

¿Cómo puedo mejorar la liquidez de mi negocio rápidamente?

Cuando el tiempo apremia y necesitas efectivo ya, hay varias tácticas que puedes poner en marcha. La idea central es muy simple: acelera todo lo que puedas las entradas de dinero y frena, en la medida de lo posible, las salidas.

Aquí tienes algunas estrategias efectivas:

  • Acelera la cobranza: Ofrece pequeños descuentos por pronto pago. Verás cómo muchos clientes se motivan a liquidar sus facturas antes del vencimiento.
  • Habla con tus proveedores: Pide una extensión en los plazos de pago. Una conversación honesta con un proveedor clave puede darte el respiro que necesitas.
  • Liquida inventario estancado: Vende ese inventario que lleva meses sin moverse, incluso si tienes que ofrecer un buen descuento. Es mucho mejor recuperar una parte de ese capital que tenerlo acumulando polvo.
  • Usa financiamiento a corto plazo: Herramientas como una línea de crédito revolvente o el factoraje financiero son perfectas para convertir tus cuentas por cobrar en efectivo casi de inmediato.

¿Con qué frecuencia debo revisar mis ratios financieros?

No todos los indicadores necesitan la misma atención. La frecuencia depende de qué tan rápido cambia la variable que miden y del ritmo de tu propio negocio.

Como regla general, te sugiero lo siguiente:

  • Ratios de Liquidez (Razón Corriente, Prueba Ácida): Estos deben monitorearse muy de cerca, idealmente de forma mensual. Son el pulso de tu operación diaria, y un problema aquí puede convertirse en una crisis muy rápido.
  • Ratios de Solvencia (Endeudamiento, Cobertura de Intereses): Como reflejan tu estructura de capital, una revisión trimestral o semestral suele ser suficiente. Eso sí, es obligatorio analizarlos a fondo antes de tomar cualquier decisión de peso, como pedir un crédito grande, buscar inversionistas o planear una expansión.
Julio Cesar Briseño

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